La historia

Los orígenes de la dirección orquestal no son necesariamente los orígenes de la orquesta en sí, de hecho, podemos encontrar los primeros indicios de esta desde la remota Edad Media, cuando la música vocal predominaba, y los coros llenaban las iglesias. Era costumbre contratar a un “Maestro de Capilla” o Kapellmeister, quien se encargaba de hacer las composiciones para el ritual religioso, y también de llevar a cabo los ensayos con su respectivo coro.

Con el paso del tiempo, las agrupaciones corales e instrumentales comenzaron a hacer frente a composiciones cada vez más complejas, que requerían de una coordinación precisa de pulso y tempo. Para mitades del siglo XVI, se hace popular el uso de un bastón para marcar el compás durante las interpretaciones de los conjuntos. Jean-Baptiste Lully fué uno de los precursores de esta técnica, como también uno de los pioneros de la dirección orquestal como la comprendemos hoy en día. Irónicamente, fué esta mismísima técnica la que devino en su muerte, tras darse un golpe en un pie con dicho bastón mientras dirigía un te deum, la cual derivó a gangrena, ocasionando la muerte del compositor. Este evento, junto con la necesidad, tanto de no agregar un sonido más a la composición (los golpes del bastón en el piso), como para agregarle agilidad a la dirección, el bastón se fué encogiendo hasta tomar la forma de la actual batuta, cuyo uso será utilizado en su mayoría por los directores para proveer de mayor precisión en el gesto musical. La dirección coral prescindirá de esta herramienta, pues la sutileza de la naturaleza silábica del canto requiere mayor flexibilidad de las manos.

Para los siglos XVI y XVII, la figura del director de orquesta aún era difusa. Muchas veces, quien dirigía las agrupaciones era uno de los instrumentistas (generalmente el Violín principal, o concertino), o bien el clavecinista, encargado también de interpretar el bajo continuo.

Con el constante aumento de la complejidad de las obras para orquesta, comenzó a hacerse necesario un músico instruido especialmente en el arte de dirigir la agrupación instrumental para llevar a cabo el trabajo de comprensión de una obra a tiempo completo, sin la necesidad de también dedicar su tiempo al trabajo de un instrumento en específico. Es así como para el siglo XIX, especialmente después de los monumentales trabajos sinfónicos de Beethoven y Berlioz, y la explosión orquestal impulsada por Wagner, Brahms, entre otros. La figura del director de orquesta es indispensable para el buen manejo de la gigantezca obra a interpretar.

Podemos considerar a Hans Guido von Bülow como el primer director de orquesta especializado como tal. Sin embargo, frecuentemente eran los mismos compositores los cuales asumían el rol de dirigir sus propias obras; Wagner, Mendelssohn, von Weber, entre otros, son claros ejemplos de esto.

Hoy en día la dirección orquestal tiene distinta connotación dependiendo del ámbito cultural al que se enfrenta. Podemos nombrar la importancia pedagógica y social, por ejemplo, de la dirección de orquestas juveniles en el mundo, y su importancia en el desarrollo cultural de países como Chile o Venezuela. También podemos recalcar la importancia historiográfica de la dirección orquestal, en cuanto la capacidad del director de re-interpretar obras de compositores antiguos, cuya música en su estado original nunca seremos capaces de oír, pero que gracias a estos “intérpretes” podemos obtener un acercamiento a como pudo haber sido dicha experiencia.

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