La persona

La Presencia

La música siempre ha sido una de las actividades más importantes para el humano desde sus inicios, y como los seres gregarios que somos, siempre hemos buscado formas de reunirnos y hacer música en comunidades. Para la música académica, el desafío de crear música compleja y en constante evolución sucita la dificultad de reunir y coordinar a músicos talentosos, de manera que puedan interpretar las más exigentes propuestas de la composición desde los albores de la edad media. Para que esta pueda desarrollarse con celeridad y precisión, hizo falta un guía, una figura que pudiese cargar con el rol de oír y entender las piezas musicales propuestas e interpretarlas de una manera entendible para el conjunto de ejecutantes. La figura del director es esa figura, y la necesidad de esta figura, aunque debatible en algunos casos, es ahora parte fundamental de la práctica musical académica para grandes agrupaciones y, con el avance irrefrenable de la composición moderna y la interpretación, su presencia es indispensable para obtener un resultado deseable.

La paradoja

Esta aventura de ahondar en la dirección orquestal para los efectos de un curso de organología hace resaltar una paradoja importante: el director de orquesta no es un instrumentista en el más estricto rigor de la palabra, pues, dentro de una orquesta, si él no se encuentra dirigiendo desde el piano, como para la música del barroco, o ejecutando un instrumento, él no ejecuta una sola nota de la pieza que esta dirigiendo. En otras palabras, él no es parte de la organología de la orquesta. Sin embargo, su aporte a la música es tremendamente cercano a aquel de la interpretación de un instrumento, pues su “instrumento” la compleja agrupación de talentosos músicos que conforman la orquesta, o banda, y su talento para obtener los resultados que desea de esta depende de una infinidad de factores, tanto técnicos como expresivos, incluso pedagógicos. Por esta razón, su presencia dentro de la organología es como el gran auditor de los instrumentos, y sólo puede valerse de su conocimiento y carisma para ser respetado por los músicos, a pesar de no interpretar un sólo sonido.

 

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